martes, 16 de octubre de 2018

CUADERNO DE INSOMNIO - VIII. REENCUENTRO

VIII. REENCUENTRO


Salir de aquellos túneles y de las tierras del mal fue como volver a vivir, pese a la extendida oscuridad que cubría la ciudad. Habíamos permanecido casi un mes y medio abajo.
Por la expresión en el rostro del Errante, que concurrió a recibirnos -pese a las recomendaciones en contrario de otros compañeros- comprendí que la situación general para la Causa era peor que lo que había dejado entrever el Trovador.
Las tropas del Príncipe del Odio habían roto el doble cerco de la Resistencia sobre la cabecera del desembarco y avanzaban en dirección al centro geográfico de la ciudad.
Durante esos fatídicos cuarenta días se sucedieron batallas cortas pero rabiosas: la de la Luna Llena, en la zona de Barracas; del Globito, en las inmediaciones de Amancio Alcorta y Jujuy; y el llamado combate del Borda, cerca del hospital municipal homónimo. 
Otra, de considerables dimensiones, se produjo en adyacencias del templo pentecostal de Vélez Sarsfield y el Riachuelo.  Las bajas eran importantes.

Con los ojos llenos de lágrimas, el Comandante relató a este cronista que en los combates por el control del Parque Lezama habían muerto Telmo Goytía -el Caminador- y Juan de Asúa -Juan el Menor-, responsables de las zonas I y II, respectivamente. Otras vidas valiosas también se habían perdido: decenas de anónimos luchadores, miembros del socorro sanitario, voluntarios, ciudadanos indefensos. El Centro de Rastreo Electrónico en San Telmo había sido descubierto y destruido después de un cruento asalto a cargo de biothanati. Los operadores de los equipos electrónicos y los defensores, capturados vivos, luego fueron torturados y devorados con la modalidad del ritual invertido.
El templo ortodoxo sobre la calle Brasil no escapó a la furia demoníaca. Fue demolido hasta los cimientos y su luminosa arquitectura, los objetos y el suelo consagrado fueron profanados. Allí se erigió un lugar de celebración de jacquerías, con su mesa de sacrificios humanos y oficiantes.

Hacia mayo se luchaba en tres frentes: el más crucial se focalizaba en la zona del Congreso, cerca de Avenida de Mayo y San José, por donde avanzaba la columna principal del Enemigo.
El segundo, en Parque Patricios, tenía una entidad menor, aunque no por ello dejaba de preocupar a los DoceSe trataba de una maniobra de pinzas, cuya tercera pata se apoyaba en el área delimitada por Córdoba, Gallo, Pueyrredón y Paraguay, donde las líneas defensivas de la Resistencia estaban debilitadas. Efectivamente, los ataques se renovaron en el sur, tal cual lo había entrevisto el Errante, pero la situación era fluída.
Las Legiones  se movían con rapidez  hacia el noroeste. La estrategia diabólica era clara: si rompían esas líneas podrían avanzar hacia Villa Crespo, base del Comando Estratégico y del Centro Electrónico de Comunicaciones. Desde allí se abrirían paso hasta Parque Centenario, donde se estaban concentrando nuevas secciones de combatientes y de auxiliares, con poca o nula experiencia en el manejo de armas y el arte de la guerra. 
El Errante convocó a una reunión de los Doce a las seis de la tarde en el bar ”Los Hermanos”. Los comandantes zonales serían reemplazados por unas horas. Los capitanes tomarían el mando, por lo que se montó un dispositivo de emergencia para cubrir las espaldas del plenario.

Ya no estaban vacías las calles. Desafiando el miedo, los habitantes de las áreas no ocupadas por las Legiones, salían de sus domicilios, se reunían en las plazas y se autoorganizaban.  El personal de los hospitales públicos trabajaba como podía, con una tenacidad imparable, al igual que las cuadrillas de mantenimiento. 
Mientras los camiones de bomberos no daban abasto para apagar incendios o rescatar familias dentro de los edificios derrumbados, las fuerzas de seguridad del Sistema se iban integrando a las filas de la Resistencia, mucho mejor organizada y con una moral altísima pese a los reveses.
Las comunicaciones telefónicas estaban en un 70 % afectadas: las emisoras comerciales, públicas y privadas no trasmitían. Tampoco aparecían los diarios de alcance nacional por hallarse dentro de las áreas ocupadas. Circulaban publicaciones precarias, de pocas páginas y tirada modesta. Cumplían un rol fundamental en cuanto a la organización y búsqueda de personas, al igual que las radios barriales y los escasos radioaficionados que podían operar, no sin grandes dificultades, por la alteración en las bandas electromagnéticas.

Fuimos llegando de a uno al bar. Nos esperaba en la puerta el Gallego Jacinto, con una sonrisa triste. Adentro, el Errante, hierático, sentado en la cabecera, estaba concentrado.
Dos sillas vacías simbolizaban la ausencia presente de los compañeros muertos. En silencio, emocionados, dimos comienzo al plenario. Después de orar por los caídos y recordar que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos, el Errante estableció que los lugares dejados en los Fratelli por Juan el Menor y el Caminador no serían cubiertos. Admitía, sí, el nombramiento de capitanes, un rango menor al de comandantes, sin que formen parte de la plana mayor de la Resistencia.

Cuando llegue el tiempo -enfatizó- una nueva hermandad comparecerá ante la Ciudad y ante Aquel que nos guía.  Para sorpresa de todos, anunció su pronta partida.
-No pregunten dónde iré. Ustedes seguirán la lucha, aunque muchos hermanos deban partir antes que yo.
-No lo dudés Oscar, aseveró mirándome. 
-Nos reencontraremos los Doce. Existe otra vida.  

Sabía de mi escepticismo crónico. Sabía que en el fondo de mi alma yo no creía demasiado, que mi fe era débil. Volvió a mirarme.

 -No se cree un poco. Se cree o no se cree. 
-Quiero creer, le respondí.
-La cuestión es vital: todo o nada.
-Creo, socorre mi incredulidad, dije elevando la voz.

El tiempo se detuvo. Volví a ver las siete tumbas blancas del sueño. Y al Errante tendiéndome la mano. Los Doce nos reencontrábamos en otro tiempo, más tierno y feliz.  Compartíamos una inmensa cena, junto a nuestras familias, a las familias de todos. 
Una polifonía infinita embargaba los corazones de aromas infantiles y sensaciones que creía irrepetibles. Lloré. 
Cuando se reestableció el tiempo cotidiano, el Errante había cambiado su expresión de esfinge. Nos pidió un nuevo esfuerzo. Extenuado, no cejaba nunca, ideando alternativas a los problemas, imaginando escenarios posibles, escuchando sugerencias. El peso de la responsabilidad lo había encorvado. Pero esto era casi imperceptible. Rondaba los cincuenta años.

-La situación, siendo realistas, es grave, relató. Después pontificó: “Si no fuera que veo a la gente organizándose, mi opinión sería más bien pesimista en lo inmediato. Me parece que esto va para largo. Venceremos, sí, pero a un precio muy alto. Tiene su explicación. Alguien, hace siglos la llamó teoría del Rescate”.
Es la retribución que debemos pagar al Padre, si es necesario con nuestra sangre, para acompañar el sufrimiento del Hijo, del que participamos por ser agonistas inexcusables. Nosotros vendríamos a ser algo así como el ala pneumática en el concierto del Drama Universal. Nuestras vidas humanas están llenas de aire, no de vacío. Ese aire es el Espíritu, el pneuma, que nos comunica su carisma de vida y acción. Debemos cuidarlo”.

Sus palabras fueron recibidas como alimento en el desierto. Las heterodoxas concepciones teológicas sonaban armónicas del Errante, sin falsas notas. Lejos de aflojarnos y relajarnos eran verbo vivificante.  Pedro Abella y el Matemático, urgidos por la presión sobre las líneas defensivas de los frentes que dirigían, solicitaron expresas instrucciones. El Comandante confirmó que ese era el motivo de la convocatoria. 

-Discutiremos entre todos la estrategia a seguir. Ustedes serán, colegiadamente, dentro de poco, la máxima conducción de la Resistencia, el Directorio. Daniel Vizzini será el aglutinador, pero sólo seis seguirán hasta el final de la oscuridad, profetizó.

Al  cabo de una hora, habíamos fijado los lineamientos de la nueva estrategia: crear focos de agitación en los lugares tomados (barrios de San Telmo, Boca, Constitución, Barracas, San Cristóbal, Montserrat y San Nicolás), infiltrar tropas utilizando los túneles para atacar la retaguardia (el edificio de la Aduana y espacios colonizados aledaños) y desplazarnos con mayor fluidez, golpeando y desapareciendo mediante unidades pequeñas, sin plantear combates frontales.
Antes de despedirse hasta la próxima reunión, Carlitos Távola informó que las puertas de la gehenna habían sido selladas, ejerciendo la Resistencia un control absoluto en los túneles troncal Alfa y transversales Beta y Gamma. Los cursos hídricos subterráneos (Aqueronte y arroyos Maldonado, Vega, Medrano y Cildañez), los túneles del subte y el sistema de desagües estaban bajo control.  
Por su parte, el Errante leyó el número de bajas, que, aclaró, eran provisorias: 
-Resistencia:  2000 muertos (la mayoría combatientes) 400 heridos. Ningún prisionero. -Legiones: 500 muertos (300 biothanati / 200 demonios). Ningún herido, Ningún prisionero.

El mal no prevalecerá. La luz vence a las tinieblas. Ya está llegando Aquel que todo lo restaura, trayendo una nueva Edad de Oro ”, fueron las palabras que dieron por terminado el plenario.

Esa fue la última vez que estuvimos con él. Según ciertas versiones, que tratamos de confirmar, poniendo en ello renovadas energías pero sin llegar a ninguna conclusión sólida, el Errante partió hacia otras ciudades, luego de organizar y guiar a la Resistencia en este lugar del mundo. Otros testimonios, indicaron que habiendo cumplido su misión en la Tierra, fue arrebatado por arcángeles hacia los cielos. Los que menos lo conocieron, arguyeron que se anonimizó, confundiéndose en la multitud. 
En lo personal, estoy seguro que está entre nosotros, pastor irredento cuidando a su rebaño. Sus seis sentidos aún vigilan las dilatadas noches en el silencio inmaterial del sur. 
Como Ulises, sorteando los obstáculos, volverá a su patria terrestre cuando ella esté en peligro, mientras espera la hora del reencuentro definitivo.



Glosario

Ritual invertido: los rituales relacionados con el culto a Satán son una imitación degradada de la liturgia cristiana, a la manera de un espejo deformante y grotesco.
Jacquerías: rituales satánicos ejecutados desde 1355, en Europa Central, Francia e Italia. Consisten en sacrificios humanos y de animales y fiestas orgiásticas.
Credo quia absurdum (lat.): creo porque es absurdo.
Ala pneumática: los libros de la Tercera Era mencionan el duro golpe recibido por las fuerzas de la Luz cuando el Hombre Primordial fue arrebatado por las fuerzas de la Oscuridad. Para auxiliarlo el Creador envió al Espíritu Viviente (Pneuma) y a su emanación en el mundo -el ala pneumática- para insuflar vida a la Causa.
Edad de Oro: en los comienzos del tiempo, refieren distintas tradiciones, existió una Edad dorada, donde el Mal no tenía lugar. Luego devinieron la Edad de Plata, dos Edades del Bronce y la Edad del Hierro. En esta última prepondera la iniquidad, la crueldad y la traición.


MEMORIAS DEL ERRANTE (FRAGMENTO B)

MEMORIAS DEL ERRANTE (FRAGMENTO B)

A raíz del derrumbamiento mortal de la Causa, un hombre, en el mayor de los silencios, comenzó a preparar las condiciones para el enfrentamiento con la tradición paralela. (...)
Cuando tomé contacto con él -con ingenuidad, creí en un momento que por casualidad- pensé que se trataba de un fanático, miembro de una secta apocalíptica y milenarista, de las tantas que pululan en la constelación del Pez. Sin embargo, aquel encuentro a orillas del Mar Muerto, marcó mi vida para siempre. Como una luz que ciega al tiempo que despierta a la verdadera esencia del ser, conocer a Amós me encaminó hacia un corazón nuevo.
Fue ese santo quien me puso al tanto de la doble conspiración: la de la Tradición Paralela dentro de la Iglesia y la inmemorial del Rey de los Muertos, de los que alguna sospecha tenía por los reiterados sueños con sacrificios humanos.
Lo que no advertía era su fuente común, el siniestro manantial venenoso que los envolvía: el Maligno, quien había inaugurado la edad de la Rebeldía y la Confusión (la Edad del Hierro), alimentando la quintacolumna en nuestras filas y a los soldados-apóstoles del Rey de los Muertos, los biothanati (...)
El Libro Nuevo, el libro "santo" del arcángel del Odio, pronostica mil años de dolor y enfrentamiento a partir del reinado del Oscuro y su esposa, la Gran Madre (...). Expuesto en el Necronomicon de Abdul Alhazred y en el Códice flamenco de Johannes Andraeas, su credo se resume en la frase: Destruam et aedificabo
Estas tres palabras resuenan en mí persistentemente, junto al ángel melancólico que me habita, la infancia en Villa Ortúzar, ciertos aromas de paraíso perdido y un libro casi prohibido, poblado de ilustraciones de demonios azules ardiendo”.

                                                                            (El encuentro con el esenio)   

                                                                                      


Glosario

Constelación del Pez: el espacio cultural y simbólico que ocupan las distintas vertientes cristianas y filocristianas, institucionalizadas o autónomas. 
Libro Nuevo (o Libro Santo): el reino de las tinieblas también poseía su libro. El Libro Nuevo era una continuación de la Memoria Antigua. Está compuesto por 11 libros canónicos y tres proféticos, escritos entre los siglos VIII A.C. y I D.C.
Gran Madre: puede asimilarse a la Lilith de los babilónicos. Se la considera enemiga de los recién nacidos y de los infantes, a quienes se aparece bajo la apariencia de espectro nocturnal. No tiene ningún punto de contacto con la Gran Diosa Blanca.   
Necronomicon: la historia de la demonología registra una vasta literatura. Uno de los más extensos y detallados es el Necronomicon de Abdul Alhazred, cuya característica más singular son las profusas y detalladas ilustraciones.
Abdul Alhazred: médico árabe del siglo XII. Es el verdadero introductor de los textos gnósticos en la península ibérica. Pertenecía a una secta esotérica antiislámica y politeísta.  
Johannes Andraes: cartógrafo y ocultista. Nació en Amberes en  1177. Murió en Lyon en 1247. Autor del Codex Secretorum. Sus opúsculos y libros fueron destruidos en el gran incendio de París, la noche del 1° de mayo de 1275.   


CUADERNO DE INSOMNIO - VII. TERRA INCOGNITA

VII. TERRA INCOGNITA

Sorprendentemente, no estábamos paralizados. Los ojos brillaban, deseosos del ardor de la lucha. El “mejor arder y consumirse que navegar hacia la nada”, volvía una y mil veces. 
Habíamos llegado a las puertas de la gehena, al tristísimo seol donde gemían los condenados. Más abajo, se situaba el núcleo interno de la Tierra, rodeado en su parte externa por cauces de hierro líquido, de donde manaba el agua de aspecto ferruginoso.
Detuvimos la marcha acuática en un recodo del fantasmagórico río, escondiendo la embarcación detrás de una mata de pastos descoloridos. Un fulgor azul iluminaba la entrada.
Prácticamente no se debatieron los pasos a seguir. José invocó a los arcángeles para que nos auxilien. Rezamos, nos persignamos, bebimos, preparamos las armas.
Ya eran las cinco de la mañana.
Después, caminamos y caminamos por pasillos y múltiples túneles que se abrían ante nuestros pasos. El hielo tapizaba las paredes del laberinto. Un estricto código de seguridad vedó, desde la partida, el contacto radial con el Errante o con la guardia del túnel principal.
No obstante, una fuente de emisión de ultrasonido en el islote, guiaría a los compañeros de arriba. Hicimos decenas de kilómetros sin indicios de engendros diabólicos.
Ni licántropos ni biothanati ni demonios se asomaban, aunque bien podían sorprendernos en algún repliegue u oquedad. El frío y la melancolía eran las presencias más reales. Podía “olerse“ la nostalgia de Dios. Alguien sugirió volver ante la inutilidad de la búsqueda.

Nos opusimos, quizás fundados en una esperanzadora intuición común. Debíamos seguir, pese a todo. Debíamos exponernos, insistir, perseverar. ¿De qué se trataba? ¿De un fuerte sentido del deber? Suena ampuloso. ¿Hablar de la necesidad y destino de la misión delegada? Soberbia (al Diablo lo perdió la soberbia). Aquí, en estos páramos, se pierde la paz, la cordura, la claridad. Se cultiva la paranoia. ¿Destino o azar? A cada momento, el mismo interrogante (aquí no se duerme. No existe el tiempo único y uniforme. Me voy desconectando. Cada cual con su tiempo. No un tiempo real. Un tiempo interior, creado. Un no-final. Un mundo nuevo. Ojos nuevos. Mirada amplia, abarcativa. Batir de parches. ¿Qué estoy diciendo?). 
Demos un significado humano al sobrehumano combate”.
¡Paisajes del mal, túmulos de aflicción, perdidos paraísos de la nada!
¡Tétricas moradas congeladas en el punto ciego del mundo!
Fueron varias semanas de aspirar y expulsar tristeza. De subir y bajar, de entrar y salir de galerías. Ya no podíamos continuar la búsqueda. Habíamos perdido la orientación. Y apenas comíamos y dormíamos. El Chino  nos obligó a regresar.

La retirada fue complicada. Los vericuetos del laberinto habían aumentado.
Al principio pensamos en una ilusión óptica. Pero no. Los equipos de señalización lumínica no mentían. ¿No era acaso el Diablo, maestro del engaño? En los túneles se sucedían descargas eléctricas, atrayendo y polarizando energías portentosas y ráfagas de vientos gélidos. 
Esperamos una emboscada que finalmente se produjo un lunes de abril, cerca del mediodía.
Al borde de unas escalinatas de acceso a un recinto donde los servidores de Satán depositaban esqueletos humanos, una criatura de tres monstruosas cabezas, mitad perro, mitad gárgola, atacó la retaguardia de la patrulla, lanzando un ácido fortísimo.
José murió de inmediato. Laura quedó seriamente herida.
Pichu usó el lanzagranadas y borró una de las cabezas del cancerbero.
No hubo tiempo de enterrar a nuestro compañero porque un nuevo peligro emergió a poco de recorrer unos metros de la galería.
Alertados por el rugido del monstruo moribundo, aparecieron biothanatis a los que barrimos con ráfagas de ametralladoras.
No obstante, alcanzamos a cremar el cuerpo de José, al que rociamos con fósforo blanco.
Cargando a la combatiente, nos alejamos casi corriendo del ala este de la caverna, ascendiendo varios niveles hasta llegar a la entrada, lo que nos llevó cerca de veinticinco horas. Hacia allí, una sección de las Fuerzas Especiales de Infantería (FEI) había llegado para proteger nuestro repliegue, socorrer a los heridos y sellar las puertas del infierno.
Sabíamos que arriba, las cosas estaban empeorando. 
Carlos Távola, a cargo de las FEI, no quiso adelantar información, pese a la exigencia en ese sentido que fundamenté en mi doble carácter de miembro de la Fratría y cronista "oficial".
Entró en un mutismo total. No podía agregar nada más.
Con gestos bruscos dio indicaciones para proceder al sellado.
Regresamos remontando las lúgubres aguas, en tres gomones rápidos, dejando atrás nuestra balsa, la gruta de la Planta, el islote rocoso, la oscuridad del antro.
Al llegar al extremo sur del túnel transversal, aguardaban nuevas tropas de las FEI.
¿Qué estaba pasando arriba? 
Agoreras imágenes cruzaron como fogonazos por mis ojos. ¿Soñaba? 
La guardia que el Chino Araniya dejó en la intersección de los túneles troncal y transversal había sido relevada. En el conducto central, sobre una plataforma, se erguía un radar.
Mucho más atrás, un puesto de vigilancia, casi agarrado por la oscuridad.


Glosario

Seol (hebr.): según una antigua tradición hebrea, el seol básicamente denota el mundo o la esfera de los muertos.
Cancerbero (mit. gr.): perro de tres cabezas, guardián del infierno. Sus dientes negros y filosos ocasionan un dolor tan agudo que causan una muerte inmediata.
Causa: para el Errante, toda causa, siempre es política. También trabajar por el Reino, reflexionaba, es una forma -la más elevada- de hacer política.



MEMORIAS DEL ERRANTE (FRAGMENTO A)

MEMORIAS DEL ERRANTE (FRAGMENTO A)

En aquel tiempo la Iglesia se hallaba en situación de catástrofe. Horadada por una corriente espuria que, tomando sus símbolos y rituales externos, venía desarrollando una sistemática tarea de demolición, desvirtuando el mensaje evangélico y colocando en los lugares de decisión a miembros de la inveterada Tradición Paralela con casi tantos siglos de existencia como la Iglesia.
El culto al Sol Invictus el 25 de diciembre es sólo un ejemplo de tal aserto entre tantos. (Confeccionar una nómina más o menos interesante llenaría cientos de páginas. Ese es el trabajo que está llevando a cabo Juan de Asúa).
(...) La tradición inauténtica se plasma en la Gran Obra y la Construcción del Templo, proyectos políticos-espirituales, de los que dan cuenta en forma fragmentaria grandes iniciados como Eliphas Levi, Cristian Rozencreutz y Edouard Schuré entre otros.
(...) La experiencia del Pobre de Asís le quitó impulso, pero su prédica de renovación espiritual y práctica no logró implantarse, chocando contra las murallas del poder burocrático y mundanal de la estructura.
(...) Uno de los capítulos más terribles en la lucha contra la Magnum Opus (la Gran Obra) fue la experiencia de los Caballeros del Templo.  
Perseguidos, acusados de herejes, perversos y otras etiquetas difamatorias fueron exterminados en medio de atroces tormentos. 
En el caso de los Fieles del Amor, su espiritualidad fue olvidada sin más, después de haber sido rodeada de una campana de silencio.
(...) Una nueva derrota sobrevino con la esterilización del movimiento del siglo XIV que dio en llamarse Reforma, aceptado rápidamente por las masas populares en sus inicios.
La Iglesia había dejado de ser una unidad -en realidad, mucho antes, con el cisma de Oriente se inició la dispersión- y tendía a la multipolaridad, un hecho legítimo y -mucho después comprendí- positivo, dado que le restaba motivos de cuestionamiento a la Tradición Oculta, ya enquistada en el tronco principal.
(...)  Aquellos retoños a los que llaman sectas en ciertos casos -y algunas efectivamente lo eran- y en otras iglesias, traían un soplo vivificante, una brisa fresca en un ambiente de envilecimiento, ganadas las estructuras por el  materialismo más crudo, la ceguera ante las nuevas realidades, el cálculo y la alianza con los poderes del mundo.
Sólo el sacrificio de unos pocos movimientos de religiosos y laicos -perdedores de antemano- se constituyó en signo de esperanza para quienes aún tenía valor el ejemplo del Redentor y su divina sangre”.

                                                                                                                       (Cristianos sin Iglesia)




Glosario

Tradición paralela: también se la denomina Tradicion Oculta, la Otra Versión. Es la narración de sucesos que se asemejan a los de la Verdadera Tradición pero que en lo profundo difieren tanto en sus orígenes como en sus fines últimos. 
Sol invictus (lat.): sol invicto. Su culto, de origen pagano, se celebra el 25 de diciembre, que en el hemisferio norte coincide con el solsticio de invierno.
Construcción del Templo: este concepto, en boca de grandes iniciados, es análogo al de Gran Obra, aunque más acotado a la etapa final de aquella.  
Caballeros del Templo: el Errante decía contar con suficientes evidencias para exculpar a los Templarios de los crímenes de los que fueron acusados (herejía, sacrilegio, sodomía,). El erdadero ‘crimen’ que cometieron -insistía- fue revelar el papel exacto que cumplía cierta franja de clérigos y doctores de la Iglesia en la difusión de la Gran Obra
Fieles del Amor (Fedelli d’Amore): comunidad espiritual secreta a la que pertenecía Dante Alighieri (1265-1321). Celebraban banquetes, cantaban y jugaban, honrando al Amor. También se los conocía como Siervos del Amor. Las primeras noticias sobre esta sociedad datan de 1283.


lunes, 15 de octubre de 2018

CUADERNO DE INSOMNIO - VI. GEOGRAFÍA DE LOS ABISMOS

VI. GEOGRAFÍA DE LOS ABISMOS

Entonces, traté de adivinar que tenía en mente el Errante.
Casi con seguridad, un objetivo sería cercar la cabecera de playa de la invasión, manteniendo a las Legiones ocupadas y fijas en un sitio.
Otro, obturar el acceso de nuevas tropas infernales al mundo exterior.
Nuestra meta inmediata era llegar a la zona de Once, allí donde se bifurca un ramal clausurado del ferrocarril, internándose en las profundidades hasta llegar a Plaza de Mayo.
Sabíamos por una avanzada de exploradores, que del eje troncal, paralelo a Rivadavia, partían por lo menos dos túneles transversales: uno a la altura de Entre Ríos, con ingreso por la base del Monumento a los Dos Congresos.
Atravesando la Iglesia de San Ignacio rumbo al sur y al este lo recorría el más antiguo, que según los historiadores más serios databa de 1712. 
Con el apoyo de un pelotón de las FEI -4 hombres y 3 mujeres- conformamos un equipo al que María, una de las integrantes, bautizó con gracia Los Argonautas.
El Chino Araniya era el mítico Jasón con el que navegamos rumbo a la terra incognita.
Una vez instalados en el playón de Once, planificamos los próximos pasos.
Hasta la media tarde debíamos completar lo atinente a materiales, municiones y víveres.
Cerca de la medianoche comenzaría el ingreso por el túnel principal hasta hallar los transversales.
Contamos con todo el apoyo de Daniel Mavied -el cerebro de la Logística- para aprovisionarnos.
A las 23.37 iniciamos, bajo una cetrina luz lunar, la caminata hacia los grandes portones que franquean la entrada al ramal clausurado en los años ‘50.
La marca de la temperatura señalaba 5° bajo cero.
Adentro, una vez clausurado el ingreso al túnel, en la negrura rota por la luz amarilla de los faros de iodo que portábamos, colocamos algunos objetos y la ametralladora pesada en una destartalada zorra ferroviaria, en la que viajaron tres combatientes.
El resto, caminó en sendas filas indias, una a cada lado del transporte.
Pudimos verificar que los rieles, aunque oxidados, aún servían.
Nuestra mayor preocupación era mantenernos activos, no perder movilidad ni aletargarnos, aunque avanzáramos lentamente, dado que el aire se iba haciendo más denso conforme nos adentrábamos.
El Chino Luis, al que conocía del secundario en La Paternal, se mantenía comunicado con el Matemático, responsable de esa zona de operaciones.   
A los veinte minutos de partir y habiendo recorrido menos de un kilómetro ordenó silencio de radio y la detención de la patrulla.
Preparamos las armas, parapetándonos en las columnas de acero que sostienen el techo semicircular.
Durante cinco minutos permanecimos inmóviles.
Después, oímos los pasos de un animal grande.
Estimamos que estaba a unos 70-80 metros y que venía hacia nosotros.
Marco apostó en el chasis la ametralladora pesada, mientras Pichu y Laura se adelantaron unos metros.
Dos ojos de destellante luminosidad rojiza nos observaban.
Al rato, eran varios pares de ojos.
Con el visor de rayos infrarrojos, avistamos rasgos parecidos a lobos parados sobre las patas traseras.
La duda se disiparía unos segundos después, con el trote de la manada aullando hasta nuestra posición.
Cuando estuvieron a quince metros el Chino ordenó dispararles a la cabeza.
Los animales cayeron muertos, menos uno, muy mal herido, que agonizó durante tres minutos hasta que Pichu lo remató.
Comprobamos, con horror, que se trataban de licántropos, hombres-lobos de pelaje gris, de gran porte, con el signo del Príncipe del Aire en la testa, ávidos de cuerpos humanos.
Contamos cinco, aunque presentíamos que había más.   
No se conocían casos de licantropía desde el siglo Il, mencionados en la Historia Natural de lo Extraño del cronista y viajero Publio Marcio Ficino.
Proseguimos el viaje, luego de arrojar los cuerpos a una sombría cavidad en la pared norte, donde alguna vez se guardaron repuestos de locomotoras de vapor.
De ahí en más, la precaución se aguzó.
El carromato rodó con morosidad, tres infantes iban más adelantados, otros tres cubrían la retaguardia.
Faltaba el aire. La humedad descendía reptando por los muros.
Los murciélagos giraban en círculos, casi rozándonos con sus alas húmedas.
Traídos por ráfagas, llegaban ciertos vahos de gas alquímico.
A las 1.30 de la madrugada habíamos recorrido un kilómetro.
Media hora después llegamos hasta el acceso del túnel transversal Beta, de menor diámetro que el troncal Alfa (5 contra 10 metros en su parte más ancha).
Paralelo a la Av. Entre Ríos, recorrido sinuoso, boquetes en paredes y techo, anchas anfractuosidades cada cincuenta metros, el conducto no poseía rieles, aunque el piso, tapizado de adoquines, se conservaba firme.
Una guardia de cinco, incluido el ametralladorista, quedó custodiando la carga.
Los demás, aligerados, emprendimos una rápida excursión hacia el sur, sin amenazas a la vista.
En una hora llegamos hasta un curso de agua inmunda.
Por la distancia recorrida, pudimos asegurar que corría debajo de la calle Brasil.
Tal vez fuera la huella del Aqueronte por el inefable olor y color de la sangre.
Mirando hacia arriba, diez metros sobre nuestras cabezas, divisamos lo que parecía una tapa de alcantarilla.
Más cerca, cubierta por musgos y algas, en la margen izquierda del río subterráneo, descubrimos una balsa de cuatro metros de ancho por siete de largo, construida con madera de laurel.
Luis y yo nos miramos. Cada uno conocía el pensamiento del otro.
¿Sería nuestra Nave de los Locos, la stultifera navis que iba de ciudad en ciudad en el medioevo?
Los líquidos corrían a poca velocidad. Podía ser una trampa. Pero también una señal, una invitación a profundizar en la zona prohibida. ¡La antigua tentación del descubrimiento! El canto al que nunca nos negamos los que deseamos ir más allá del bien y del mal. Corriendo los riesgos, alucinados de fervor, embarcamos, navegando por el extraño tejido hidrográfico que nos llevaría hasta la morada del dios de los muertos.
Al cabo de unos minutos ingresamos en una amplia gruta de casi trescientos metros de diámetro, poblada de murciélagos y serpientes acuáticas.
De ese lugar sepulcral se bifurcaban cursos de aguas más angostos, después de rodear un islote basáltico sobre el que crecía la maligna sarcostemma, la planta de los brujos y hechiceras.   
Con la ayuda de ramas convertidas en remos, empujamos con todas las fuerzas hasta alcanzar el brazo del río que corría en declive hacia el sudeste a 45 km/hora.
La falta de luz era casi total. La temperatura descendía metro a metro. Casi no existían meandros. La velocidad aumentaba y el ruido del agua, a esta altura casi negra, era atronador. El Chino mandó colocarnos las máscaras. 
Habiendo navegado menos de diez kilómetros desde la gruta de la Planta, nos aguardaban vapores níveos, gritos horrendos y rastros del gas alquímico.



Glosario

Argonautas (mit. gr.): guerreros escogidos por su valor que emprendieron un viaje para conquistar el vellocino de oro en la Cólquide. Tomaron este nombre de la nave Argos (‘ligera’) que los transportó.
Jason (mit. gr.): jefe de los argonautas.
Publio Marcio Ficino (circa 150-242 d.c.) Su Historia natural de lo Extraño engloba casos de vampirismo y licantropía, apariciones de muertos, animales y plantas fantásticas. Ficino, nacido en Siracusa, murió misteriosamente en Eleusis.
Aqueronte (mit. gr.): uno de los ríos que conducía al infierno. Etimológicamente, río del dolor. Sus aguas, dice el mitógrafo, son malsanas, espumosas y amargas y corren debajo de la superficie.
Stultifera navis (lat.): Nave de los Locos (Narrenschiff, en alemán, tiene el mismo significado). En la Alta Edad Media era común ver navíos recorriendo los ríos de Europa, yendo a la deriva con su carga de dementes.
Sarcostemma: planta de hojas carnosas de color oscuro.